lunes, 21 de enero de 2008

Si, lo del 79 parece increible.




Las coincidencias son estupidas por aleatorias, pero el mundo seria una mierda sin coincidencias, y mas aun si no fuera aleatorias y estupidas. Es por ello que encontrarme con una especie de (incompleto) ejercicio trigonometrico a partir de la figura del excelso Malcolm McDowell:

1. Los Pasajeros del Tiempo es una de esas que llevan el epigrafe de "pelicula de la infancia", y como tal hay que acercarse con cautela, no se vaya a llevar uno una hostia. Ustedes no recordaran, pero yo se lo recuerdo: HG Wells queda con sus colegas victorianos para anunciarles que ha construido una maquina del tiempo y que cualquier dia se le da por utilizarla; esa misma noche del anuncio la policia se presenta buscando a Jack el Destripador, que resulta ser uno de sus colegas; el cabron, que no quiere chupar mazmorra, se adelanta a Wells, se mete en la maquina y se larga un siglo p'alante, concretamente hasta 1979, año al que tambien ira Wells para acabar con ese malo del copon, no vaya a ser que destruya aquello que habia pronosticado como un mundo happy de la hostia.

La peli es muy divertida, pero torpe de cojones. Ya no piensen en cosas tecnicas (algun FX es, claro, vergonzantemente entrañable), sino en la mano de ese Nicholas Meyer que un par de años despues triunfaria con las infulas de esa cosa tan progre que era El Dia Despues (no confundir con El Dia de Mañana) en la que ponia en imagenes la hecatombe nuclear aplicada al primer mundo por esto de concienciar y tal. Y es que Meyer es tambien el responsable del guion de Atraccion Fatal, otra pelicula concienciada en la que con etiqueta de Clase A trataba un tema tan de Clase B como el que las mujeres son unas perras peligrosas y a la minima que metes el cirimbel en donde no debes te puedes encontrar con un tajo en el cuello. Bueno, mas o menos.

El caso es que Los Pasajeros del Tiempo, mas alla de la parafernalia fanta-cientifica hace especial hincapie en la cosa social. Y no crean que aqui entro en uno de mis desvarios, no, es que eso se deja claro desde el primer momento. Wells (por cierto, McDowell) es un pipiolo preocupadisimo por el cambio social al que todos sus colegas de mesa putean por ese mismo motivo, al tiempo que Jack (por cierto, David Warner con la cabeza sobre los hombros) es un anticipado arquetipo del modelo neocom que ahora tanto preocupa a los teoricos de la globalizacion bien entendida. Dejando a un lado el prologo (que no es mas que un rutinario asesinato del bueno de Jack), la autentica secuencia inicial, aquella en la que se presenta al personaje protagonista durante esa cena, sirve para lanzar sin la menor delicadeza todos los topicos que hacen relacion a los esquemas teoricos que Wells defiende (y que en realidad defendia), tales como la llegada del socialismo, la liberacion de la mujer, la ciencia como salvacion de la humanidad... La ausencia de lo sutil hace pensar que esto no es mas que algo transitorio, que toda esa parafernalia no sirve mas que para trazar una diferenciacion psicologica entre ambos personajes (ya se pueden imaginar, Jack se parte el ojete con estas chorradicas), pero no, no, y no porque Meyer aprovecha que Wells viaja a ese futuro soñado para contrastar las esperanzas del idealista con lo que finalmente ha sido la evolucion del mundo civilizado. Por supuesto, en 1979 esto pod(r)ia verse con una cierta seriedad, pero a dia de hoy no termina de tener claro quien suscribe hasta que punto el tio se estaba cachondeando ya de determinados postulados teoricos a favor de la igualdad y el desarrollo sostenible. Wells llega a San Francisco (la maquina del tiempo en teoria tendria que haberlo dejado alli desde donde salio, pero por no se sabe que cosa de horas va y de Londres lo manda a USA), y alli, con la ayuda de una mujer liberada e independiente (a la que solo le hace falta llevar una chapa que diga eso mismo, Mujer Liberada e Independiente), se patea la ciudad en busca del bueno de Jack, que en realidad se siente en su salsa al ver que las cosas se han desmadrado aun mas desde que se dedicara a adelgazar mujeres a la fuerza un siglo antes.

McDowell habia saltado a la fama como Alex de Large en La Naranja Mecanica. En 1979 tal vez no era del todo consciente de la fama de demente que iba a adquirir con el paso del tiempo, y tal vez por eso se metio en esta historia incapaz de equilibrarse al enfrentar el peso de la aventura con el de la caracterizacion alegorica chusca. Lo curioso es que ese mismo año McDowell interpreta a Caligula en la peli del mismo nombre, y, miren, dudo que sobre el papel no tuviera pistas del desmadre que eso iba a suponer. En cualquier caso, he aqui que tenemos esta especie de polos opuestos (la unica coincidencia es que ambas pelis son fallidas, divertidas pero fallidas), por un lado McDowell dando vida a un personaje mas preocupado y alarmado por la desintegracion de los valores mundiales que por su propia vida, por otro a un megalomano que mas alla de la propia demencia del personaje adaptado se desarrolla en el marco de una pelicula demencial en la que el porno y la violencia grafica se dan la mano en un intento de dignificar tan nobles cuestiones que termino resultando todo lo contrario, una cagada de tres pares de cojones que, si, incluye un par de polvos grandiosos, un par de ejecuciones chulas y a un McDowell tan pasado de rosca que cualquier seriedad a la hora de valorarla caeria en el mas profundo de los ridiculos (y es que, por si no lo tenian claro, Caligula es una basura magnifica). Y al final resulta que Los Pasajeros del Tiempo ni siquiera es capaz de mantenerse sobre esos postulados: Wells se hace con un arma en cuanto llega a la conclusion de que o la emprende a tiros o esa historia no la remedia ni Dios, y la Mujer Liberada e Independiente termina dejando su vida y sus valores en el cubo de la basura para seguir como fiel esposa al lado de ese hombre enjuto (y de escaso culo) que por primera vez en años le habia hecho disfrutar con un buen polvo (esto no se ve, pertenece al off de la peli y resulta una idea sumamente ridicula). Por cierto, la Dama en cuestion es Mary Steenburgen, una de estas jipis de Hollywood a la que algunos recordaran por su desagradable papel en Philadelphia.


2. Soy de los que creen ciegamente que John Carpenter se arrepintio al poco tiempo de haber rodado Halloween. Seguro que solo habia buenas intenciones por su parte, pero no quiero imaginarme lo que debe de ser cargar con la responsabilidad de haber inaugurado el subgenero de adolescentes que son pasados a cuchillo, y menos aun ver como esos adolescentes se van asubnormalando segun se avanza en la perpetuacion del subgenero. Por suerte, Dios creo a Rob Zombie, y hasta permitio que sus dos primeras (e inconmesurables) peliculas funcionaran lo suficiente como para que a alguien se le diera por darle la oportunidad de unirse a la oleada de remakes y le endosara este titulo fundacional. El Halloween de Zombie es, ya se lo digo, ENORME. Pero bien grande, muy grande. Y aun les dire mas: es de esas peliculas a las que no solo no les sobra metraje, sino que les falta. Ya saben la historia (o deberian): Michael Myers es un niño cabron al que mandan a los loqueros despues de haberle hecho perrerias mortales a unos cuantos idems (mortales, no perros). 15 años despues, Myers decide tomarse unas vacaciones del sanatorio y sale a cepillarse a unos cuantos pardillos. Hasta ahi el esquema basico, lo justo y necesario para un ejercicio de estilo como mandan los canones. O tampoco tanto, porque Zombie invierte buena parte del metraje en desarrollar un prologo que, si bien no explica por que Myers niño esta como un troncho (y menos mal que no se le dio por ahi), si se extiende en narrar el momento en que ese angelito pasa de lucir una cotidiana tonteria a exhibir el caracter asesino de vayan a saber que gen perdido en su adn. Y Rob lo clava, pueden tenerlo por seguro. De hecho es aqui donde se van todas las energias de la pelicula, en anteceder a La Presencia de Myers como asesino adulto, justificar la existencia de un miedo a partir de la previa existencia de un temor: un niño pirado que deberia estar muerto, y al que solo hace caso..., si, Malcom McDowell. McDowell se queda en esta actualizacion con el personaje de Donald Pleasence, ese Dr Loomis que pasa por ser la unica persona en el mundo que sabe algo de la mierda que tiene dentro de la cabeza el niño chalado ese. Y me van a disculpar, hace muchos años que no me reviso la original y no puedo entrar ahora a juzgar las diferencias que puedan existir respecto al tratamiento de este personaje, pero si cabe señalar que Loomis representa a ese moralista teorico que intenta salvar al mundo por encima de su propia existencia..., hasta que se da cuenta de que ya puede tener inifinitas existencias, que con esas cosas no va a ningun lado, asi que mejor dedicarse a recaudar fondos con sus libros sobre el tema que a perder mas tiempo visitando a un mocoso que no hace mas que fabricarse mascaras feas y tocar las narices (a veces abriendose camino desde la nuca, ya saben).

Si Nicholas Meyer echaba mano de la historia de Los Pasajeros del Tiempo para marcarse un panfleto, cabria la posibilidad de pensar que Rob Zombie aprovecha del mismo modo la revisitacion de Halloween para exponer una serie de consideraciones respecto a la capacidad del ser humano para salvar al mundo, un poco la judiada aquella de La Lista de Schindler: Quien salva una vida, salva al mundo. Sin embargo, Loomis alcanza el meridiano de la pelicula abandonando toda esperanza y pronosticando que lo unico con sentido habria sido dejar a Myers en su celda bien encerrado hasta que la diñara de viejo (lo de tapiar la puerta con hormigon es algo que se deja a la imaginacion de los espectadores cabrones como ustedes: los sensatos solo deseabamos que saliera lo antes posible para empezar a masacrar jovencitas con las tetas al aire). O sea, Loomis llega a la conclusion de que la caridad no va a servir para mejorar el mundo, y que ante determinados males no cabe mas posibilidad que aplicar como remedio ultimo la aniquilacion para que al menos los supervivientes sean capaces de perpetuarse con una placida existencia. Castigo? No, sentido comun: si los pobres diablos sufren, mejor los dejamos morirse de una vez para que no incordien.

Por desgracia, o por suerte, eso de ver a Rob Zombie en los creditos ya implica una marca de fabrica. Si su primera pelicula era un gran entretemiento, Los Renegados del Diablo era un canto a la ternura de lo salvaje como salvacion para las almas condenadas. O dicho de otra manera, el hecho de que alguien sea un hijodelagrandisimaputa no implica que en un determinado momento no sea capaz de disfrutar del humanizante placer de comerse un caramelo. Myers es, en cierto modo, la transposicion de estos personajes extremos que en sus dos titulos anteriores vagaban por el mundo haciendo mil perrerias, solo que aqui se escenifica a partir de la silueta autista de un fantasma torpon de 2 metros y 120 kg (o mas, vayan a saber), y Zombie configura el mundo de tal modo que su antagonista no son aquellos que sufren su existencia a machetazos, sino ese Loomis que ha perdido 15 años de su miserable vida pensando que hay mas futuro en la cerrada mollera de un demente que en las abiertas mentes de unos conciudadanos mas preocupados por tener condones a mano que por saber quien esta al otro lado de la celda. Y es aqui donde se le concede la posibilidad de redencion, en ese punto de giro intermedio en que canta a la necesidad de haber sabido mantener a Myers bien preso, que finalmente le proporcionara la posibilidad de autorehabilitarse al lograr dialogar (o algo) con ese asesino que en realidad no responde mas que al impulso de encontrarse en un mundo tan extraño como ese que el mismo Loomis disecciona desde el ambito de lo teorico.

2 comentarios:

  1. Pero cacho perro.... ¡¡que no me habías dicho que tenías BLOG!!!

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  2. Le recomiendo Gangster No.1, mucha mucha sangre y un Malcolm estupendo.

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