sábado, 16 de febrero de 2008

Todo principe encuentra a su LetiZia



Si ayer hablabamos de amor animal (bueno, hace dos entradas mencionaba a Rocco, pero no es lo mismo), la presencia del tema me hizo recordar que, entre las multiples cosas pendientes, estaba Zoo, pelicula que logro trascender en los festivales y certamenes en los que iba siendo presentada, y que puede sumarse el merito de haber disgustado al Sr Trueque Mental. Pero, francamente, no entiendo yo que esta peli pueda estar produciendo semejantes reacciones. Es mas, estoy en disposicion de afirmar rotundamente que es uno de los titulos mas bellos que servidor ha tenido el placer de ver.

Por partes.


Zoo no es un documental al uso. De hecho podria cogerse con pinzas esta categoria que habria que eliminarla si no existiera la mucho mas concreta (precisamente por ser todo lo contrario) de no-ficcion. Y es que aqui van a ver aplicadas con contundencia todas las reglas posibles para pervertir una historia real que se aborda con intenciones quirurgicas. Y es que el tema era jugoso: en 2005 moria Kenneth Pinya desangrado por la perforacion anal que habia sufrido al ser montado por un caballo. A partir de ahi se destapa la existencia de una granja en la que se reunen diferentes personajes que comparten una misma pasion por el disfrute de la naturaleza.

La peli podia haber seguido la formula de cualquier recreacion documental al uso, repleta de testimonios de terceros que supieran tejer una perspectiva moral periferica a partir de material de archivo. Incluso podia haber caido en las manos de Errol Morris y habrian salido en pantalla los protagonistas para hilvanar un relato freak de autor. Pero no, no, quiso el destino que cayera en mano de un guionista y un director que iban lo suficientemente a su bola como para hacer lo que les saliera de la brinca del coño. Asi las cosas, Zoo se presenta como una pelicula mayormente ficcionada en la que una minima parte de los que aparecen en pantalla no son actores; como contrapunto, la narracion recae sobre testimonios verbales de los protagonistas, al tiempo que el director compone una sucesion de imagenes que estan mucho mas cerca de lo onirico que de lo real (a lo que ayuda una banda sonora continua que tanto le debe a Philip Glass como a Cliff Martinez). Ya la apertura lo deja claro al romper la oscuridad tres destellos en lento movimiento que dejan como resultado la transmutacion de uno de ellos en la salida de la mina en la que trabajaba Coyote (el unico zoofilico que sale en pantalla). Esto en si mismo ya es una declaracion de principios por partida doble: por un lado, porque deja claro que aqui el valor de la imagen no va a ser el de Lo Real. Por otro, porque la ruptura de la oscuridad sirve para evidenciar que ante todo, y sobre todo, aqui se va a contar la historia de una serie de personas que, por un breve espacio de tiempo, consiguieron romper su lamentable rutina para encontrar La Felicidad.

Y es que en Zoo no se prima el retrato antinatural de estos tipos, sino que se hace hincapie, mediante sus propias palabras, en como gracias a algo "sencillo" habian logrado rellenar el vacio emocional que sentian. Y esto no es ni un chiste literal ni una perogrullada: la pequeña comunidad era eso, una comunidad en la que la principal ligazon era lo suficientemente egoista (un placer personal, intrasferible y vergonzante) como para permitirles entablar lazos que iban mas alla de lo que las propias reglas sociales les habrian permitido en condiciones normales.

Zoo esta mas cerca del espiritu de Lynch (hay mucho de Una Historia Verdadera) que de un reportaje de Documentos TV. La excusa de la muerte y de la zoofilia sirve casi exclusivamente para escenificar las nuevas vias que encuentra el ser humano para relacionarse aun en condiciones de pasiones extremas, en este caso con un pie puesto en una internet que no solo les sirvio para encontrarse y conocerse, sino para mantener la presencia de ese MrHands que seguira entre nosotros hasta que un servidor pase a mejor vida. Y es que, si, parece cruel, pero su perfil de yahoo sigue existiendo.

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