domingo, 16 de noviembre de 2014

"Un hijo de Dios más o menos como tú"

Desconocia la existencia de esta peli hasta que Absence la reseño tras su inclusion en Sitges 2014. No es nada raro en quien suscribe estar al margen de la realidad de los calendarios de estrenos (mi record creo que de momento es haberme enterado de la existencia de Iron Man 3 cuando ya llevaba meses en DVD), lo mismo que desconocer el texto original de McCarthy, un señor con el que, me temo, me unen demasiadas filias como para querer asaltarlo en serio.

Y el caso es que Child of God, la adaptacion, me ha resultado una pelicula mucho mas sobresaliente de lo que en un principio podria esperar. Desconociendo la construccion de la novela original mas alla de los apuntes de la wikipedia, la labor de James Franco la encuadro a unos niveles mucho mas elevados de lo que probablemente podrian esperar los espectadores presumiblemente tipo para esta historia. De hecho, su inclusion en el festival de Sitges no tenia para mi demasiado sentido, y tras verla, menos.

Lester Ballard esta solo en el mundo. Las tierras que un dia habian pertenecido a su padre son subastadas. El, en su clara incapacidad intelectual (a la que no hay que buscar motivos), es dejado al arbitrio de la supervivencia, y tras los cuatro minutos que tarda en sucederse este prologo, Ballard pasa a sobrevivir en los entornos naturales que rodean su hogar de siempre. Bosques pelados, un eterno invierno solar que aparentemente lo animaliza, pero no: el ya era un animal antes de tener que sobrevivir al frio extremo y la soledad del sin hogar. Franco, a lo mejor sin querer, subraya esto en los dos minutos siguientes con dos detalles aparentemente anecdoticos: el momento en que caga al campo e intenta limpiarse con un palo (todo bastante grafico, si), y el momento en que se siente de nuevo humanizado al encontrar en dos pales sobre el sueño de una miserable cabaña abandonada el reflejo mas proximo al reconfortante sentimiento de haber encontrado un nuevo hogar.

Child of God es, ante todo, bosque. Un bosque desnudo al que Franco sabe que tiene que prestar toda la atencion, y que en montaje rentabiliza maravillosamente introduciendo intervenciones en off de personajes anonimos que pretenden dar claves acerca de la existencia de Ballard. No sabemos si hablan desde el futuro (sabien que fue de el), o si pudieran tratarse de declaraciones tras su patetica expulsion del pueblo: simplemente son voces, que de un modo u otro pertenecen al ambiente de un bosque que rodea a la humanidad en un proceso estacional que parece hallarse detenido. En las tierras de Ballard no parece existir la esperanza de que nada florezca: el sol evita que se hiele la sangre, pero la vida no parece ir mucho mas alla y es necesario refugiarse. La construccion de las personas necesita, pues, de los refugios.

Ballard lo sabe, e intenta reproducir lo que durante años habia aprendido: imita. No huye de su pueblo, probablemente porque es lo unico que conoce. Se mantiene, primero en la cabaña abandonada, posteriormente en una cueva. Franco lo cuenta todo de manera presencial: la camara la mayor parte del tiempo esta pegada al protagonista, en mano, libre para moverse en un entorno en el que las unicas barreras son humanas. El territorio en los bosques de Ballar los marcan las propiedades: las casas que no son de el, las personas que no le pertenecen (pero a otras personas si).

Sus mejores amigos seran dos peluches gigantes. Sera encarcelado bajo una falsa acusacion de violacion. Compartiran con el comentarios sexuales como si hubiera podido en alguna ocasion mantener relaciones normalizadas, y en el devenir de la casualidad Ballard descubrira que yacer con muertas puede darle unos alivios, sin que esto quiera decir que sea necrofilo: en un perverso efecto de imitacion simplemente descubre que la necrofilia le permite acceder a un nuevo estadio de posesion.

En las lindes de sus bosques, Ballard descubre como sus antiguos vecinos huyen buscando el refugio de las fronteras. Las parejas jovenes aparcan sus coches para mantener relaciones sexuales, y el espia. Lejos del pueblo ya no es el unico animalizado: las convenciones religiosas y morales se pierden en las cunetas, aunque al final solo el cargue con el malditismo de ser un outsider de lo civilizado, un malditismo que al final le llevara a cometer asesinatos de una manera natural, para procurarse esos elementos que le sirven para sentirse parte de esa comunidad que jamas quiso creer en su palabra.

Franco construye un relato de falsas redenciones: la escalada de degradacion parece conducir a ello, pero las circunstancias jamas lo permiten. Ballar simplemente sobrevive, sigue adelante, algo que funciona increiblemente bien gracias a la capacidad de Scott Haze para interpretar a un animal humano, y a la de Franco para estar junto a el constantemente: su unica conexion con el mundo civilizado parece ser la camara, y gracias a ella, los espectadores. Es aqui donde se construye la parabola que tendria que proporcionar mas lecturas que la de un simple relato de supervivencia demente: la realidad de un entorno social es fragil, y en sus propias ataduras morales encuentra sus principales obstaculos.

A partir de este punto, sumandole el relato fragmentado y una construccion visual aparentemente deslabazada, la proximidad de Spring Breakers en el tiempo hace que estas dos peliculas juntas parezcan un combo ganador. Korine en su fabula sobre la busqueda hedonista rompia lo socialmente aceptado introduciendo lo primario en entornos urbanizados. Franco, que alli era protagonista, aqui pasa a narrar la supervivencia de los posos civilizados en quien ha sido expulsado socialmente al bosque. En una especie de viajes contrapuestos, la lectura es complementaria: no se nos deja ser.

Y al final queda el bosque, y la incomprension, como la que, creo, parece existir de cara a esta pelicula, de la que no encuentro motivos para no haber sido reseñada por todas esas corrientes actuales que pretenden insistir en el ruralismo como una via para comprender la construccion de las personas. Desde Los Lobos No Lloran no recuerdo un respeto mas escrupuloso por el paisaje para para enfrentarlo con la construccion de un perfil humano. Porque Ballard es, ante todo, persona, y por ello cuando el sheriff acude a detenerlo en una ocasion a su cabaña, este se burla de que para encontrarlo hayan atravesado el bosque en vez de seguir el camino que el si conocia a la perfeccion. James Franco ha hecho una cosa colosal: se ha atrevido a salir del refugio del asfalto para mirar con respeto a la copa de los arboles. No ha reinventado el entorno ni lo ha intentado intelectualizar: simplemente lo uso como refugio. Como Ballard.

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